Gobierno de La Rioja

"Este libro pretende facilitar que los niños encuentren su lugar en un mundo más igualitario que estamos construyendo entre todos"

El IRJ acogerá mañana la segunda Quedada de Primavera con la presentación del libro 'El poder de los chicos. Retos preguntas y respuestas para los niños de hoy' a cargo de su autor, Ritxar Bacete 

Ritxar Bacete es formador, coach y consultor especialista en temas de género. Mañana vuelve al IRJ para presentarnos su segundo libro El Poder de los chicos en el que se centra en ofrecer claves para educar a niños libres de estereotipos sexistas.

Dice que los niños son los grandes olvidados en la transformación que implica la igualdad. ¿Por qué?

Nuestra sociedad tomó conciencia de que no habría democracia sin igualdad y se ocupó exitosamente de diseñar políticas que acompañasen a las mujeres y a las niñas en este proceso de emancipación. Pero nos olvidamos de los niños. Como decía el gran pedagogo brasileño Paulo Freire, “no nos liberamos solos, nos liberamos en comunidad”. O lo que es lo mismo, el logro de la igualdad real y efectiva no será posible sin la implicación y transformación del otro 50%, que somos nosotros, los hombres, pero que son también los niños, que son el presente y el futuro de lo que pretendamos ser como sociedad.

Del mismo modo en que a penas hay políticas de igualdad dirigidas a los hombres, tampoco las hay para trabajar específicamente el impacto que la educación sexista tienen también en los niños: los chicos, por aquello que se potencia o se limita en su proceso de socialización, son mayoría en el fracaso escolar; tienen muchas más posibilidades de ser tanto víctimas como victimarios en el bullyng, de tener actitudes de riesgo, de verse afectados por actos violentos, tener accidentes o provocarlos… Por ser chicos los seguimos educando en los privilegios, pero como todo en esta vida, las supuestas ventajas tienen también su cara oculta, impactando el sexismo en las posibilidades de ser verdaderamente libres y vivir felices en el mundo: amando, cuidando, agradeciendo, escuchando, colaborando, reconociéndose vulnerables, empáticos, afectuosos…Sí, les hemos abandonado y nos toca poner remedio y ocuparnos también de los chicos tanto en el ámbito académico como en las políticas de igualdad.

¿Qué mensajes les estamos transmitiendo que son erróneos?

Yo creo que el primer error que cometemos con los niños es el mismo que con las niñas: trasladarles una idea de que la igualdad está conseguida y que son libres de ser lo que quieran ser, mientras que la realidad, en algunos ámbitos de si vida sigue siendo otra radicalmente opuesta. El principal problema es que los padres y las madres seguimos funcionando de un modo sexista, tan profundo como inconsciente y cotidiano: decimos que hay que compartir tareas domésticas y las mujeres siguen dedicando casi dos horas diarias más que los hombres a los trabajos de cuidado; decimos que lo justo es ser corresponsables y quienes siguen reduciendo sus jornadas laborales o cogiendo excedencias para cuidar, siguen siendo muy mayoritariamente las mujeres…Creo que estamos generando una verdadera disonancia cognitiva con las niñas y los niños, porque decimos una cosa pero luego hacemos otra bien distinta. Nos falta coherencia personal.

Estoy convencido de que a pesar del camino que queda por recorrer, tenemos muchas razones para estar esperanzados con las niñas a quienes cada vez trasladamos mensajes más poderosos. A las niñas les contamos que pueden ser fuertes, valientes, sensibles, ganadoras, bellas…Por lo que de algún modo, estamos contribuyendo eficazmente a “completar su humanidad”, mientras que a los niños, aunque tal vez de forma más sutil que hace algunos años, les seguimos insistiendo en que no tienen que llorar, que deben ocultar sus emociones, que deben mostrarse poderosos, competitivos, distantes de los cuidados…Y ahí radica el mayor de los errores, porque los chicos, no sólo merecen, sino que también necesitan liberarse de los roles sexistas, emanciparse de los estereotipos y tener derecho a la belleza que aguarda tras la conexión pacífica y bella con el propio cuerpo, con las emociones y con la ternura.

¿Cuál es El poder de los chicos?

El poder de los chicos radica fundamentalmente en honrar y conectar con lo que los chicos son: diversos, sensibles, creativos, cuidadores, pacíficos, activos, intrépidos, inquietos, solidarios… No existe una naturaleza masculina violenta, ni desapegada de los cuidados, la ética o la estética, sino que esta es una expectativa limitante que les imponemos culturalmente, la que nos hace creer que ser chico o ser hombre se corresponde con un modelo determinado. El poder de los chicos está en sus piernas, que les permiten correr, saltar, jugar… Lo podemos encontrar en sus manos, con las que pueden dibujar, acariciar, preparar el desayuno, pintarse las uñas de colores, hacer cosquillas, escribir…O también en los brazos, que les permiten nadar, saludar, jugar a baloncesto o abrazar. Y están también todos esos poderes maravillosos que también son propiedad de los niños; en los ojos,  esa ventana al mundo que les permite admirar la belleza que encierra. El poder de los chicos está en saber ser responsables, saber reconocer y honrar a nuestros mayores, en ser intrépidos, osados, tiernos, sensibles…Pero también en que se hagan la cama, sepan cocinar o limpien el baño. Y todos estos poderes, reunidos en una sola biografía, en un solo cuerpo, en un solo chico, tienen como resultado la creación de un nuevo y genuino SÚPER-HÉROE del siglo XXI: el niño que llega a ser lo que él quiere y desea ser.

¿Qué ofrece en las páginas de su segundo libro?

El Poder de los chicos es un canto a la esperanza, pero bajando a tierra para que las personas adultas nos comprometamos y acompañemos a los varones en su particular y peculiar proceso de emancipación. Es un libro que ofrece soluciones, que van desde el entrenamiento de las emociones hasta la ampliación del conocimiento sobre las relaciones de igualdad, la situación de las mujeres o los referentes que necesitamos para comprender que ser hombre es algo bastante más complejo y fascinante de lo que pensábamos. El feminismo ha cambiado el mundo en el que vivimos, pero no habrá un cambio real hasta que los hombres y los niños no seamos parte de él. Ha llegado el momento de acompañarles y de darles herramientas a los niños y, para que ellos también logren ser lo que ellos quieran ser. Este libro lleva a los chicos a un nuevo modelo de masculinidad: pacífica, cuidadora y creativa. ¿Cómo se logra eso? Empezando por los niños. El poder de los chicos un libro que pretende entrenar y facilitar que los niños encuentren su lugar en un mundo más igualitario que estamos construyendo entre todos, y que las personas adultas de referencia sepamos acompañarles.

¿Cómo hacemos que los niños sean libres y conecten con sus emociones?

Para que los niños sean libres tienen que conectar con sus emociones, pero a través del lugar en que habitan, que son sus propios cuerpos. Emociones y cuerpo van de la mano y hay que cuidar, y mucho, el cuerpo para que las emociones fluyan de forma saludable. A no ser que tengamos alguna patología muy rara y específica, todos y cada uno de los seres humanos sentimos. Es más, no podemos dejar de sentir. De hecho, sentir es un rasgo fundamental de humanidad, que nos permite desarrollar la empatía y la compasión. Y sin empatía y compasión no hay vida en sociedad posible y, mucho menos, satisfactoria.

El problema viene cuando para “ser hombre” hay que limitar, ocultar, disminuir, invisibilizar o negar las emociones. La masculinidad, tal y como la hemos venido conociendo hasta ahora, ha sido precisamente un esfuerzo sistemático de negación emocional, en el que sólo se venían premiando en los hombres  el desarrollo y la expresión de las emociones ligadas a la rigidez del modelo dominante, como la euforia o la ira. Mientras que una emoción tan fundamental y necesaria, tanto para la supervivencia como para poder tener una buena vida, como es el miedo, se tenía que ocultar sistemáticamente o transformar en ira, o en pena oculta…

La gran virtud de las emociones en que son naturales y además se puede entrenar para ser reconocidas primero, y moduladas después, según las circunstancias que se nos presenten en la vida. Por eso, los hombres buenos e igualitarios, se convierten en seres excepcionales con el entrenamiento emocional, que ha de ir reforzado y estar presente “de serie”, en la masculinidad que necesitamos en el S.XXI.

¿Es fácil educar en igualdad en estos momentos?

Nunca fue fácil, porque cada época tiene sus retos específicos, pero lo que sí sé es que se trata de una misión profundamente esperanzadora. Como decía anteriormente, no habrá democracia sin igualdad real, por lo que la tarea de educación para la igualdad, es condición sine qua non, debe ser no sólo transversal e integral, sino también estructural. Más allá de la dificultad que pueda entrañar, está la necesidad de educar a personas libres, emocionalmente ricas, conectadas con sus cuerpos, comprometidas con las relaciones de paz, activas, críticas, participativas y radicalmente compasivas, tanto en el cuidado personal, como en el de la comunidad y el planeta en el que vivimos. Porque de eso trata también la igualdad.

El feminismo y la igualdad, son una magnífica noticia también para los hombres, un regalo de humanidad que ha venido a liberarnos también a nosotros. Como bien señalaba Simone de Beauvoir, “una mujer no nace, sino se hace”, y la buena noticia es que los con los hombres ocurre exactamente lo mismo: no nacemos desapegados de los cuidados, no nacemos violentos, ni emocionalmente limitados, sino que somos construidos de esa forma en base a los valores dominantes de la masculinidad en la sociedad. Por tanto, para liberarnos y poder abrazar una humanidad plena, deberíamos transitar por la parte expresiva, tierna y cuidadora de la vida, e incorporarla a nuestra identidad colectiva, a lo que significa ser hombre. Y es eso precisamente lo que nos está ofreciendo y demandando el feminismo, que nos liberemos y transformemos nosotros también.

 


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