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"Identificar el machismo requiere de una gran valentía porque supone mirarte al espejo y ser capaz de cuestionar quién eres"

Ritxar Bacete, autor de 'Nuevos hombres buenos', participa mañana en las #QuedadasOtoño del IRJ titulada 'Los hombres en la era del feminismo', en las que analizará esta transformación social y el papel de los hombres en estos cambios

Ritxar Bacete (Vitoria-Gazteiz, 1973) es antropólogo y trabajador social y desde hace años participa en varios proyectos para promover la implicación de los hombres en la igualdad. En su obra más reciente, Nuevos hombres buenos, apuesta por aprovechar el paso dado por las mujeres para que los hombres se replanteen su identidad y superen viejos roles.

Mañana 13 de diciembre participa en las #QuedadasOtoño del IRJ , la última de esta temporada, en la que hablará sobre los hombres en la era del feminismo y el papel que juegan ellos y ellas: "El rol de los hombres tiene que cambiar y adaptarse a unos modelos de convivencia más justos, igualitarios y democráticos. Las relaciones de equidad, corresponsabilidad y cuidados compartidos se han convertido en los ejes de la convivencia entre mujeres y hombres".

¿Es necesario cambiar el rol de los hombres?

Cambiar el rol de los hombres es tan necesario como adaptarnos a las nuevas tecnologías: tiene que darse porque el mundo ha cambiado. Un rol social no deja de ser el papel que en cada momento histórico se define para establecer lo que considera deseable en el comportamiento de las personas, estableciendo así límites, deseabilidad, jerarquía, condicionando nuestras expectativas y decisiones individuales sin que seamos conscientes de ello.

Si hacemos una breve mirada al pasado, nos daremos cuenta que el mundo en el que vivimos ha cambiado de una manera sustancial. Pero si nos fijamos especialmente en los roles de las mujeres, nos daremos cuenta que el cambio ha sido radical, profundo, estructural. Y esto implica necesariamente que el rol de los hombres tiene que cambiar y adaptarse a unos modelos de convivencia más justos, igualitarios y democráticos, en los que las relaciones de equidad, la corresponsabilidad y los cuidados compartidos se han convertido en los ejes de la convivencia entre mujeres y hombres.

¿Por qué los hombres van a querer cambiar?

Evidentemente, no todos los hombres van a querer cambiar. Cuando hablamos de modelos de masculinidad no nos estamos refiriendo a una esencia inmutable, sino a opciones ideológicas que definen nuestra forma de ser y estar en el mundo. Por lo tanto, hay hombres que hacen de las resistencias al cambio un motivo identitario y político, defendiendo la vuelta a los roles tradicionales en los que muchos se sienten cómodos, sentados en el trono cotidiano de sus privilegios. Para querer cambiar, lo primero que tenemos que hacer es algo que nos cuesta mucho: tomar conciencia de los privilegios que tenemos por el hecho de ser hombres y estar dispuestos a renunciar a ellos para poder relacionarnos en igualdad con las mujeres. Algo que paradójicamente nos permite ser más libres a nosotros mismos, ya que nos podemos hacer nuevas preguntas sobre quiénes somos, cómo actuamos, qué áreas de mejora tenemos como padres, hermanos, compañeros, hijos, maridos…

Lo que sí tengo claro es que el cambio en los hombres está cargado de oportunidades, y una vez que superamos el miedo a lo nuevo, las ventajas de esa transformación son más que probadas y evidentes, porque los hombres más igualitarios viven más y mejor, tienen formas de vida más saludables, se comunican mejor, generan mayor satisfacción y confianza en sus entornos, son padres más presentes, empáticos, cuidadores…Y esos son los hombres que necesitamos para la convivencia en democracia del siglo XXI.

¿Cómo influye la sociedad en lo que somos?

Una de las características más fascinantes de la especie humana es cómo nos movemos entre la necesidad imperiosa de ser y sentirnos libres, y la dependencia radical que tenemos de las demás personas. O lo que es lo mismo, somos seres altriciales, dependientes, necesitados de cuidados durante todo nuestro ciclo vital, vulnerables por naturaleza… Y sin poder evitarlo, somos esencialmente sociales, por lo que interiorizamos y hacemos propios los valores, las prácticas, los símbolos y los significados que son dominantes en la sociedad y la cultura en las que nos han tocado vivir.

De este modo, no existe una naturaleza inmutable que establezca límites y defina cómo debe ser un hombre o una mujer, sino que es la cultura y la sociedad la que nos moldea, trasladando los valores dominantes en nuestra propia identidad personal. Por lo que si la sociedad en la que vivimos establece que hombres y mujeres somos diferentes, interiorizaremos esos elementos diferenciales como propios, naturalizando así la cultura en nuestros propios cuerpos.

Del mismo modo en que aprendemos un idioma con el que nos expresamos y relacionamos, los roles y estereotipos de género pasan a formar parte de lo que somos: si hemos nacido en un cuerpo de hombre, es muy probable que, por influencia de la sociedad, terminemos siendo menos sensibles, nos mostremos menos vulnerables, cuidemos menos a las demás personas, le demos más importancia al éxito o al trabajo, etc.

Hay gente que no entiende que el machismo también perjudica a los hombres.

El machismo no deja de ser una ideología tóxica que sirve para organizar la sociedad y el papel que se nos asigna a las personas en relación al sexo con el que nacemos, otorgándonos a los hombres un papel privilegiado y de dominación, fundamentalmente respecto a las mujeres. Pero esta construcción desigual de las identidades y las relaciones también tiene su zona de sombras.

De hecho, los hombres vivimos de media 7,5 años menos que las mujeres, tenemos muchas más actitudes de riesgo, somos más del 80% de las personas que se suicidan, representamos el 93% de la población penitenciaria, tenemos una relación extraña con los servicios de salud, acudiendo más a las urgencias que a la consulta primaria, somos legión entre las personas con problemas graves de toxicomanías, el fracaso escolar tiene rostro de niño, provocamos más del 90% de los accidentes mortales en carretera… Por no hablar de las guerras o del terrorismo, en las que la inmensa mayoría de los victimarios, pero también de las víctimas, seguimos siendo hombres.

Como nos recuerda sabiamente Roxane Gay, el mundo está repleto de hombres destrozadores, pero también de hombres destrozados.

¿Cómo podemos superar el machismo?

El mayor problema que nos encontramos de cara a superar los efectos y consecuencias del machismo es que al haber sido socializados en una sociedad en la que primaba esta manera de entender y significar el mundo, lo llevamos dentro y es parte de lo que somos. Por lo que superarlo no es como saltar un muro, que una vez superado lo dejas atrás para siempre, sino que precisa de un proceso de toma de conciencia, de trabajo personal y de acompañamiento colectivo, que no siempre está a la altura de cualquiera. Identificar el machismo que nos habita requiere de una gran valentía, porque supone mirarte al espejo y ser capaz de cuestionar quién eres, bucear en tus emociones más profundas, asumir tus sombras y estar dispuesto a iniciar un proceso de transformación personal, que requerirá de esfuerzo y compañía.

La buena noticia es que la transformación es un hecho consustancial que nos acompaña a las personas a lo largo de nuestra existencia, y esa transformación puede ser liberadora. Podemos comenzar por pequeños gestos: uno de los más eficaces es asumir la parte del cuidado que nos corresponde.

¿Qué efectos crees que debería tener en los hombres el paso adelante que han dado las mujeres en los últimos años?

Recuerdo que el pasado 9 de marzo, un día después de las masivas manifestaciones y la huelga de mujeres que se produjeron en España, coincidí con varias de las mujeres que habían participado en las movilizaciones que se habían desarrollado en Logroño el día antes. Todas ellas coincidían en relatar que algo grande había pasado en sus vidas, pero, sobre todo, en la sociedad. Millones de mujeres de todas las edades y condición social, saliendo unidas a las calles de nuestro país de una forma masiva, representa sin duda un hito histórico que hemos tenido la suerte de poder vivir y acompañar. Estamos hablando de la eclosión de un proceso complejo y profundo que describe a la perfección el proceso exitoso de empoderamiento que han protagonizado las mujeres en los últimos dos siglos, pero con mucha mayor intensidad en los últimos 40 años.

El efecto de esta transformación de las mujeres en los hombres es evidente. Y el efecto en los hombres debería ser liberador, porque ellas han podido hacerlo, han podido completar su humanidad, emanciparse, liberarse, ser cuidadoras al mismo tiempo que han pasado a ocupar cada vez más espacios en el ámbito laboral, en la política, en las universidades… A pesar de todo el camino que aún queda por recorrer, creo que podemos ser optimistas, y que este paso adelante de las mujeres nos va a ayudar a nosotros, a liberarnos también de las ataduras de un sistema de género binario radical, tan limitante como en el que nos ha tocado vivir.

¿Por qué es difícil todavía encontrar hombres que se definan feministas?

A lo largo de la historia han sido muchos y significados los hombres que se han posicionado al lado de las luchas de las mujeres a favor de sus derechos, porque en definitiva estamos hablando de la igualdad, justicia y derechos humanos, que son los ingredientes fundamentales de los valores en los que se sustenta la democracia.

Es cierto que sigue sin ser fácil encontrar hombres que se definan abiertamente como feministas, aunque cada vez son más quienes se identifican con el feminismo, pero sobre todo, que lo comprenden, se forman y tratan de actuar en consecuencia.

No olvidemos que los hombres no seremos libres hasta que no lo sean también las mujeres.

¿Cuánto queda para alcanzar la igualdad real?

Según ONU Mujeres, al ritmo actual, más de 300 años. Por lo que si no hacemos todo lo que esté en nuestra mano, no lo lograremos, al menos en el  corto plazo. Tenemos que tener en cuenta que para alcanzar la igualdad real, tenemos que contar y sumar a ese proceso de cambio al 50% de la sociedad que somos los hombres. Porque la igualdad real no será posible sin la implicación y el cambio en los hombres. Y no es fácil lograrlo. Pero la buena noticia es que aunque muchos no lo sepan aún o incluso se resistan con uñas y dientes, los hombres también necesitamos la igualdad para ser más felices, para tener una vida que merezca la pena ser vivida, para conectar con nuestras emociones, con nuestros cuerpos, para comunicarnos y relacionarnos de una forma más profunda, satisfactoria y eficaz con las mujeres, y también con otros hombres.

Que la igualdad real esté más cerca o no dependerá de lo que hagamos, pero si no incorporamos a los hombres, el objetivo no sólo estará más lejos, sino que no será posible lograrlo. Y dice mucho que desde las políticas públicas no se esté haciendo nada en este sentido.

Tu libro habla de nuevos hombres buenos. ¿Cómo es ese nuevo hombre?

En realidad es una provocación y un juego de palabras. No me refiero tanto a que los hombres buenos sean nuevos, ya que a lo largo de la historia han sido muchísimos los hombres que han actuado con bondad, que han cuidado, que no han sido violentos, que han sido tiernos, expresivos… Que han dado lo mejor de sí mismos y que han trabajado muchísimo como una forma de amor, cuidado y protección a sus familias.

Lo que yo defino como 'nueva', es la posibilidad histórica de que el modelo dominante de masculinidad, el que tienen como referencia nuestros hijos e hijas pero sobre todo nuestros varones, sea el de los hombres buenos: los cuidadores, los tiernos, los pacíficos… Y no aquellos basados en un modelo competitivo, inexpresivo o de dominación, que tanto daño han hecho a las mujeres, a los niños y las niñas, pero también a los propios hombres.

¿A quién recomiendas que lea tu libro?

Creo que es un libro útil, tanto para los hombres que buscan su camino como para las mujeres que quieren conocer mejor qué nos está pasando a los hombres y cómo estamos viviendo nuestra masculinidad. Tomando prestadas las palabras del maestro Josep Vicent Marquès, precursor de la creación de grupos de hombres por la igualdad en España, este libro sería muy recomendable para casi todos los hombres, pero sobre todo para aquellos “hombres sensibles o machistas recuperables”. Tenemos que tener en cuenta que el machismo es una ideología, y como tal, hay quien la defiende, incluso haciendo gala de ella en sus programas políticos y obteniendo resultados electorales notables. Para ellos creo que no es este libro, aunque si lo leyeran creo que les haría bien, porque está escrito en clave de paz y esperanza.


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